A San Sebastián de Palmitas sin carro

A San Sebastián de Palmitas sin carro

Domingo, 6:30 AM, los gatos seguían profundos y acurrucados pero me tenía que levantar si quería llegar a tiempo a San Sebastián de Palmitas, el lugar donde sería la primera reunión para la construcción del Plan de Desarrollo de Medellín. Este corregimiento queda después del Túnel de Occidente, y es el único separado de la ciudad por un peaje.

Cuando renuncié a la camioneta me preguntaban cómo haría para llegar a puntos como San Sebastián de Palmitas, y siempre respondía: pues como llegan los que viven allá y no tienen carro. Salí de mi casa, caminé un par de cuadras y cogí un Circular hasta el Éxito de Robledo, me dijeron que esperara ahí un bus de San Cristóbal que luego llegaba a Palmitas, o un bus de Sotraurabá. Pasaron, 10, 15, 45 minutos y ningún bus pasó, iba a llegar tardísimo entonces decidí irme en taxi hasta el peaje del túnel, donde un funcionario de la Alcaldía amablemente me recogió y me llevó hasta mi destino.

El bus cobra 4 mil pesos por trayecto. Pensemos por ejemplo en un estudiante universitario que vive allí, tiene que gastarse mínimo 8 mil pesos diarios, y adicionalmente no puede tener clase a las seis de la mañana porque aún no hay buses, igualmente no puede estudiar después de las siete de la noche. El transporte público no es una alternativa viable, por la distancia es imposible pensar siquiera en caminar o en la bicicleta, le estamos dejando a los ciudadanos de allí el vehículo particular como única salida.

No hay ruta de buses desde la centralidad del corregimiento pues ninguna empresa la encuentra rentable prestarle servicio a los cerca de 8000 habitantes, Palmitas además tiene veredas muy dispersas y eso complica todo mucho más. Es común entre los habitantes la expresión de “bajar a Medellín”, una frase que lo dice todo.

Increíble, un territorio con todas las potencialidades para convertirse en un destino de turismo ecológico y mayor producción agrícola, con paisajes extraordinarios de montañas agrestes, pasa desapercibido para la mayoría de los demás habitantes de Medellín, desconexión y olvido marcan nuestra relación con San Sebastián de Palmitas.

Una historia que nace de renunciar a los privilegios para ponerse en los zapatos del otro, realidades que trabajo para que encuentren solución en el nuevo Plan de Desarrollo.

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